Sabes, porque lo sabes, que todos podemos ser introvertidos. Podemos aprender a dejar de darnos, todo se aprende. El aprendiz de mudo empieza por imitar al maestro, repetir sus gestos, sus silencios, sus evasivas. Es más fácil ese aprendizaje que el contrario. Aprender a darse conlleva olvidarse de la vergonzante sensación de estar desnudo, con esa desnudez que no provoca, que no excita. Es más excitante, y sensual, la desnudez del cuerpo, por más paradójico que resulte teniendo en cuenta que un cuerpo desnudo poco se diferencia de otro, sobre todo si el que lo mira lo hace con ojos que no buscan nada debajo de la piel. Lo que se lleva bajo piel poco, o nada, importa, puede, incluso, resultar molesto para el espectador.
De todos los momentos vividos, de todos los desplantes, los abandonos, las ausencias, ningún momento fue tan doloroso como aquel en que no encontré los brazos en que me quería refugiar, el abrazo comprensivo que necesitaba no llegó. ¿Y aún no sabes si soy la más comprensiva que has conocido? ¿Chula? tanto o más que tú, si quiero serlo. Ser chula también es cuestión de aprendizaje, un sencillo aprendizaje, basta observar la actitud del maestro. El maestro no necesita hacer el camino contrario, le basta su arrogante indiferencia, su gélida frialdad a lo que está bajo la piel. Lo paradójico es que tal vez, sólo tal vez, algún día necesite aprender a darse y no encuentre maestra que esté dispuesta a ejercitar la docencia.
Hubo un tiempo en que recibiste, hubo un tiempo. Este tiempo presente la aguadora aún no ha roto el cántaro, pero cada vez que se acerca a la fuente lo hace con más desgana, tanta desgana que ni sabe a que va si no hay agua en ella. ¿Era la fuente la que bebía de la aguadora? ¿Se la bebió? ¿Pudo? ¿Quiso?
La aguadora podrá dejar de beber en el agua de tu fuente, podrá dejar de sorberte, podrá sentirse seca, abandonar la fuente, no para buscar otra, no, sabes que no había fuentes ni las habrá, no buscaba el agua para bebérsela, ella gustaba de entregar el agua, de darla a beber y poco a poco comprendió que no necesitabas ese tipo de agua que resulta insípida al paladar. Entonces la aguadora volvió a mirar aquel charco donde se dejó olvidada la sonrisa y... supo que el charco se la devolvería para quienes supieran ver debajo de la piel, para quienes saben abrazar allí donde un beso no es tuyo ni mío, son besos compartidos y abrazos que inundan de un agua que brota en manantial.
Bicos de aprendiz mi querido maestro. Por favor no saltes en tu silla, no vayas a rebotar.
martes, 22 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
- Pues hija, menudo ojo tienes, si antes dices lo de mañana...
- Menudo mañana que fue ayer.
- Vamos que si hubiese muchos días así no harían falta muchos más motivos para...
- ¿Apearse en marcha? ¡¡Yaaaaaaaaa!!
- No te lo tomes así, ya sabes, tómatelo con cuentagotas.
- Sí y me tapo la nariz para tragar, rápido y a digerirlo sin más.
- No hay de otras.
- Bueno, pues lo dicho, quédate con el hoy, lo de mañana...
- Nunca se sabe. Buenas noches y hasta mañana.
- Y aprende.
- Menudo mañana que fue ayer.
- Vamos que si hubiese muchos días así no harían falta muchos más motivos para...
- ¿Apearse en marcha? ¡¡Yaaaaaaaaa!!
- No te lo tomes así, ya sabes, tómatelo con cuentagotas.
- Sí y me tapo la nariz para tragar, rápido y a digerirlo sin más.
- No hay de otras.
- Bueno, pues lo dicho, quédate con el hoy, lo de mañana...
- Nunca se sabe. Buenas noches y hasta mañana.
- Y aprende.
-que va siendo hora niña-
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