Tú lo has dicho. No es necesario que te escriba un poema.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Noooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!
Bien, tomo nota y no te escribo.
Entonces ocurre algo: Necesito escribir. ¡Menudo dilema!
¿Qué hago?
Alternativa número uno:
¿No lo hago?
Alternativa número dos:
¿Lo hago donde tú, aún diciendo que no es necesario, puedas leerlo?
Alternativa número tres:
¿Hago como otros y me escondo. Vamos que me busco donde escribir y donde quien no lo considere necesario no lo lea?
Me decido por la alternativa número tres. Yo escribo. Tú no tienes que leerlo.
Porque...
¿Sabes?
Eso de que me digas que ya lo leerás...
o
Eso de que...(Sí... lo sé porque por lo vi, no porque lo imagine)... Eso de que lo que te escribo sea eliminado... vamos... ¿cómo decirlo?... ¡¡¡¡layaaaaaaaaaa.!!!! (Uso esa palabra que los que saben de palabras dicen que no existe... pero laya... )
Bien, resumiendo...
Si me da por rimar sin rima.... letras de papelera es su sitio... tú me señalaste su destino.
Si me da por colorear... vuelvo al origen.
Si me da por hablar a solas... este será un buen sitio. Yo escribo, tú no lees, perfecto.
Y... si me da por olvidarme de todo y te escribo... pues... ya sabes donde me encontrarás... allí o... camino de tu papelera.
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