domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Qué por qué escribo?

Estas podían ser unas cartas sin destinatario, pero lo tienen, tienen dos destinatarios, uno yo misma, el otro tú, tú sabes quien eres, yo sé quien eres, con eso nos llega a los dos, nos sabemos “y punto”.

Escribo, no porque no me encuentre a gusto conmigo misma, no porque venga la musa, (¿será el muso?) a susurrarme palabras. Escribo porque necesito escribir y lo necesito porque cuando lo hago floto... por unos breves instantes floto. Podría decirme (y decirte) que me hace sentir bien escribir y ese es el último motivo de mis palabras, podría decirme también que escribo para ella, sí, ella, esa que anda por dentro de mí, esa que tuvo tanto miedo a perderse para siempre, la que me suplicó llorando que no la abandonara a solas con ella misma, que no la dejase perder que la buscase y le diese una mano, que tirase de ella hacia arriba porque ya no podía seguir sintiéndose sin sentir. Lo hice, empecé a escribir para ella, y ella me sonrió y me sonríe, y yo agradezco su sonrisa.

No, no oigo voces, no soy dos, no hay una dicotomía en mi interior, no me siento frustrada por no haber sido otra persona, no me cambiaría por nadie, no busco disfrazarme de otra, soy yo, siempre soy yo, pero tuve que recordarme para no olvidarme y empecé a escribirme... Luego llegaste tú, lo sabes, y tú fuiste la causa de que surgieran mis letras de papelera, mis caricias hechas palabras, mi manera de amarte, lejana, ausente de ti y tan contigo.

¿Poemas? no, son otra cosa, son caricias para ti hechas de letras. Luego... mi voz se calla en tu presencia... enmudezco ante ti por ser tú todo y mi voz se me queda y hablan los ojos, hablan las manos, hablan sin hablar palabras quedas... susurros de voz en cada lagrima que resbala sin ser parte de un poema... te amo van diciéndote calladas más que lo pueda decir con cualquier letra.
Pero una lagrima, amor, no dice nada o dice tanto que escribir no llega. Por eso cuando tú no puedes verme en mis lagrimas, necesito escribirte yo por ellas. Son sonrisas de amor, son esas lagrimas que acarician la cara al verterlas. Tú las viste rodar por mis mejillas, ahora sabes la alegría que hay en ellas.

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