jueves, 28 de enero de 2010

Juntas, las dos, desde aquel día en que te vi llegar desde mi ventana. No me acuerdo de si te traía Lola o Asunción. Estaba sentada en una trona de madera pintada de un color azul grisáceo. Puede que esa fuera la última vez que me sentaron en ella. Estaba pasando el sarampión. Había escogido una fecha inoportuna para la enfermedad. En casa estaban de reformas. La cocina estaba intransitable. Estaban azulejándola hasta el techo, los azulejos viejos sólo llegaban hasta la mitad de la altura de la pared. Una gambota iba ocupando el espacio del viejo calderín. Ya no había tubos que fueran hasta la vieja cocina bilbaína. Un tablero de formica blanca cubriría desde entonces la plancha de hierro con sus aros. El frente fue pintado de blanco. El horno sería usado de alacena para los aceites usados y el cajoncito que tanto me gustaba abrir quedó para mis juegos.
Lola o Asunción venían todas las tardes después de comer. Yo miraba para la calle y la vi llegar. Se paró en la acera, aún no había semáforos pero si pasaban coches por la carretera. En sus manos venías tú. No sé si fue porque estaba mimosa o porque era a mí para quien te traían, pero me hice tu dueña, me adueñé de su regalo y seguimos juntas las dos.
Pasados los años fuiste dividida en dos. Una parte se quedó en la casa de la cocina con gambota aún. La otra parte me la llevé conmigo al lugar donde trabajaba y después a mi nueva casa. La parte que se quedó lejos de mí murió. La mía volvió conmigo a la vieja casa y continúas aquí, detrás de la ventana por donde te vi llegar.
Las dos, tú y yo, ya no florecemos, se nos van notando los troncos leñosos, la savia que nos alimenta ya no nos da ese verdor de juventud que compartimos. Tú y yo fuimos viendo pasar los años. No sé tú, pero yo cuando te miro vuelvo a verte llegar en las manos de Lola o Asunción. No sé tú, pero yo siento que las dos nos hemos ido viendo vivir, en silencio, mirándonos, compartiéndonos. Te miro y ahora sé que eras para mí. Eres parte de mí, no me dejes nunca. No me faltes nunca. Es nuestro destino. Yo contigo y tú conmigo, juntas por siempre. Tú, pata de cangrejo, y yo. ¿Quién soy yo?.

jueves, 21 de enero de 2010

Porque lo leas o no leas, porque lo escriba o no lo escriba, porque calladas o no calladas, son las palabras las que han podido llegar a ti desde mi esquina. Porque en silencio sigo pensando, pensando pienso lo que dirías, cuando te hablo, cuando me callo, cuando me siento falta de ganas, cuando sin ganas voy por la vida. No es un poema, no es una carta, es lo que siento cuando me pongo a hablarte a solas de tantas cosas que no diría, de tantas cosas que te he contado sin que haya nadie que pueda oírlas, sin que a nadie pueda decirlas. Es lo que hace que cuando escribo se me desboque la lengua atada, la que callada nada diría. Cuando me callo es que no puedo decir ni a ti lo que me duele, lo que me ata, lo que me amarga, lo que me hace sentir tan mala, tan mal nacida. Nada de nada, nada ni nadie es el culpable de que mi boca, de que mis manos estén calladas, es el silencio de los cobardes, es la careta de cara muerta que se ha posado sobre mi cara, o es la careta de cara viva la que se cae cuando me asoma desde los ojos todo el abismo, toda la nada, toda la angustia de seguir viva.

Punto y aparte... no dije nada, soy una estúpida que no se entera de que está viva.

lunes, 18 de enero de 2010

En algún lugar de cualquier recodo del reloj del tiempo donde se hace noche como cae la noche sin el sol de invierno. Fue en ese momento, ese instante justo, ése en que se apagan todas las hogueras de todos los fuegos. Todos se apagaron, todos, uno a uno, fueronse muriendo, dejando cenizas, dejando tizones que tiznan de negro.

A veces el fuego se apaga y no queda ni una sola chispa, ni un solo rescoldo para que renazca otro fuego de nuevo. El fuego se apaga ardiendo en el fuego. El frío es el fuego que quema sin llamas aquellos lugares, aquellas entrañas que eran puro fuego... Se congela el tiempo... se congela el fuego... se congela... ha muerto todo sentimiento.

R. I. P.

.... por la luna nueva, por la luna llena, por el sol que brilla, por todas las nieblas, por todas las nubes, todas las miradas, todos los decires, todos los momentos... por todas las olas, por aquellas dunas, por el irisado fulgor de los cuerpos... por las perlas lagrima, por las voces canto, por el infinito, por los agujeros de nombre tan negro....

Silencio... en el aire se escucha un lamento... plañidos que vuelan como mariposas huyendo del hielo... acordes que cruzan desde el lago azul hasta el lago negro.