Juntas, las dos, desde aquel día en que te vi llegar desde mi ventana. No me acuerdo de si te traía Lola o Asunción. Estaba sentada en una trona de madera pintada de un color azul grisáceo. Puede que esa fuera la última vez que me sentaron en ella. Estaba pasando el sarampión. Había escogido una fecha inoportuna para la enfermedad. En casa estaban de reformas. La cocina estaba intransitable. Estaban azulejándola hasta el techo, los azulejos viejos sólo llegaban hasta la mitad de la altura de la pared. Una gambota iba ocupando el espacio del viejo calderín. Ya no había tubos que fueran hasta la vieja cocina bilbaína. Un tablero de formica blanca cubriría desde entonces la plancha de hierro con sus aros. El frente fue pintado de blanco. El horno sería usado de alacena para los aceites usados y el cajoncito que tanto me gustaba abrir quedó para mis juegos.
Lola o Asunción venían todas las tardes después de comer. Yo miraba para la calle y la vi llegar. Se paró en la acera, aún no había semáforos pero si pasaban coches por la carretera. En sus manos venías tú. No sé si fue porque estaba mimosa o porque era a mí para quien te traían, pero me hice tu dueña, me adueñé de su regalo y seguimos juntas las dos.
Pasados los años fuiste dividida en dos. Una parte se quedó en la casa de la cocina con gambota aún. La otra parte me la llevé conmigo al lugar donde trabajaba y después a mi nueva casa. La parte que se quedó lejos de mí murió. La mía volvió conmigo a la vieja casa y continúas aquí, detrás de la ventana por donde te vi llegar.
Lola o Asunción venían todas las tardes después de comer. Yo miraba para la calle y la vi llegar. Se paró en la acera, aún no había semáforos pero si pasaban coches por la carretera. En sus manos venías tú. No sé si fue porque estaba mimosa o porque era a mí para quien te traían, pero me hice tu dueña, me adueñé de su regalo y seguimos juntas las dos.
Pasados los años fuiste dividida en dos. Una parte se quedó en la casa de la cocina con gambota aún. La otra parte me la llevé conmigo al lugar donde trabajaba y después a mi nueva casa. La parte que se quedó lejos de mí murió. La mía volvió conmigo a la vieja casa y continúas aquí, detrás de la ventana por donde te vi llegar.
Las dos, tú y yo, ya no florecemos, se nos van notando los troncos leñosos, la savia que nos alimenta ya no nos da ese verdor de juventud que compartimos. Tú y yo fuimos viendo pasar los años. No sé tú, pero yo cuando te miro vuelvo a verte llegar en las manos de Lola o Asunción. No sé tú, pero yo siento que las dos nos hemos ido viendo vivir, en silencio, mirándonos, compartiéndonos. Te miro y ahora sé que eras para mí. Eres parte de mí, no me dejes nunca. No me faltes nunca. Es nuestro destino. Yo contigo y tú conmigo, juntas por siempre. Tú, pata de cangrejo, y yo. ¿Quién soy yo?.
