Tengo que decir que he celebrado el solsticio de verano como sólo puede hacerlo una meiga, riendo, brindando y sintiéndome feliz. Aún son las diez y diez de la noche del 23 de junio de 2010, me acaban de decir que en Santiago los termómetros llegaron hoy a los 38 º C, aquí no tengo ni la más remota idea de lo que han marcado, pero al llegar a casa me he tenido que poner un vestido de tirantes y recoger el pelo con una pinza… sobre mis ojos los mechones rebeldes, como las ramas aquellas que me decían que eran como yo me siento, rebelde y yo, siempre yo… claro que este yo hoy está algo alboratado por el calor, por el día de las meigas, por el olor a humo y porque me acabo de pimplar un benjamín de cava… No se puede ser buena chica y no beber, no comer de más, no agotar la vida de un trago, no ser exagerada nada más que a solas, no practicar el arte de la seducción y quedar inmune a los efectos de un mísero benjamín que suelta la lengua y los dedos. ¿Borracha? Que va, alegre y el benjamín fue para celebrar un aniversario VEINTIUN AÑOS de liberación. SOY FELIZ , gracias por llamarme princesa, gracias por el beso en la calle, gracias por los guiños, gracias por saber que mis rarezas no son contagiosas, y a quién pasó de largo en silencio, sin decir adiós, sin despedirse, tengo que decirle:
Cari, tú te lo pierdes. Hoy celebro que soy mujer porque así lo decidí, y para ello simplemente me dediqué a ser PERSONA, no hay diferencias entre los sexos, se es o no se es, y punto.
Y todo lo demás son accidentes, versados o no. La lirica no está en los poemas, está en los sentimientos.
Hace VEINTIUN AÑOS me hicieron un favor. El uno de mayo me lo hice yo.
Resumiendo, aprendí que no era cierto aquello de que yo no sabía amar. Soy capaz de amar y me he doctorado con sobresaliente, me quito el sombrero por una vez, será el champán, ante mí y ante todos los que han arriesgado y amado a pecho descubierto, aunque les hayan partido el corazón, son afortunados porque nunca les quedará el amargo sabor de la cobardía.
Lección primera, si quieres aprender a AMAR, ama, aún sabiendo que no será. No acalles nunca a tu corazón.
La lección segunda, es más sencilla, nunca hagas daño a un ruiseñor.
El horizonte rojizo me regala la noche más hermosa, una noche mía y de todos los que miren al cielo. Aquí, en mi esquina, el azul se pinta de coral, bendita noche, benditos vapores de champán.
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