En la habitación número catorce del tercer piso de la residencia de las Hermanas de María Inmaculada, había un espejo, escueto, rectangular, justificado, apropiado. El espejo era mínimo para no provocar las veleidades de la contemplación del propio cuerpo. Era también máximo para poder ser utilizado en su aspecto de útil de aseo, higiene y peinado. Por lo tanto, el espejo en cuestión, no permitía la contemplación del escote, del perfil sinuoso de los cuerpos casi adolescentes, ni de los torneados muslos que se prolongaban más allá de aquellas caderas invisibles y de aquellas nalgas tan invisibles o más para el espejo y para quienes en él se contemplasen.
Más allá del espejo, respaldándolo, rodeándolo, se extendía una pared de asépticos, cuadriculados, fríos, azulejos blancos de quince por quince, protegiendo la pared, blanca, de los excesos del cuerpo del grifo que reinaba sobre un lavabo tipo Roca, blanco, sin redondeces excesivas, austeramente necesario. Más acá del espejo, el calor de los cuerpos, la juventud de los cuerpos, el despertar de los cuerpos, la eclosión de los cuerpos de mujer recién mujer, mujer sintiéndose mujer, se ingeniaban encaramándose en un mínimo taburete y contemplaban lo que no debía ser contemplado, complaciéndose en ello, sintiéndose dueñas de lo que lo el escueto tamaño del espejo quería ocultarles.
Luego descendían del taburete y unos labios rojos entreabiertos se sonreían mientras contemplaban sus ojos en el espejo. No faltaba nada. Todo esperaba del otro lado de la puerta. Todo estaba frente al espejo.
En la habitación número catorce del tercer piso se escuchaba tararear aquellos versos de un poeta llamado Miguel y de otro de nombre Federico:
“Juventud solar de España, que pase el tiempo y se quede con un murmullo de huesos heroicos en su corriente… “
“Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos…”
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Siempre es bienvenida una opinión ajena, gracias por ayudarme a entenderme