martes, 22 de diciembre de 2009

Sabes, porque lo sabes, que todos podemos ser introvertidos. Podemos aprender a dejar de darnos, todo se aprende. El aprendiz de mudo empieza por imitar al maestro, repetir sus gestos, sus silencios, sus evasivas. Es más fácil ese aprendizaje que el contrario. Aprender a darse conlleva olvidarse de la vergonzante sensación de estar desnudo, con esa desnudez que no provoca, que no excita. Es más excitante, y sensual, la desnudez del cuerpo, por más paradójico que resulte teniendo en cuenta que un cuerpo desnudo poco se diferencia de otro, sobre todo si el que lo mira lo hace con ojos que no buscan nada debajo de la piel. Lo que se lleva bajo piel poco, o nada, importa, puede, incluso, resultar molesto para el espectador.

De todos los momentos vividos, de todos los desplantes, los abandonos, las ausencias, ningún momento fue tan doloroso como aquel en que no encontré los brazos en que me quería refugiar, el abrazo comprensivo que necesitaba no llegó. ¿Y aún no sabes si soy la más comprensiva que has conocido? ¿Chula? tanto o más que tú, si quiero serlo. Ser chula también es cuestión de aprendizaje, un sencillo aprendizaje, basta observar la actitud del maestro. El maestro no necesita hacer el camino contrario, le basta su arrogante indiferencia, su gélida frialdad a lo que está bajo la piel. Lo paradójico es que tal vez, sólo tal vez, algún día necesite aprender a darse y no encuentre maestra que esté dispuesta a ejercitar la docencia.

Hubo un tiempo en que recibiste, hubo un tiempo. Este tiempo presente la aguadora aún no ha roto el cántaro, pero cada vez que se acerca a la fuente lo hace con más desgana, tanta desgana que ni sabe a que va si no hay agua en ella. ¿Era la fuente la que bebía de la aguadora? ¿Se la bebió? ¿Pudo? ¿Quiso?

La aguadora podrá dejar de beber en el agua de tu fuente, podrá dejar de sorberte, podrá sentirse seca, abandonar la fuente, no para buscar otra, no, sabes que no había fuentes ni las habrá, no buscaba el agua para bebérsela, ella gustaba de entregar el agua, de darla a beber y poco a poco comprendió que no necesitabas ese tipo de agua que resulta insípida al paladar. Entonces la aguadora volvió a mirar aquel charco donde se dejó olvidada la sonrisa y... supo que el charco se la devolvería para quienes supieran ver debajo de la piel, para quienes saben abrazar allí donde un beso no es tuyo ni mío, son besos compartidos y abrazos que inundan de un agua que brota en manantial.


Bicos de aprendiz mi querido maestro. Por favor no saltes en tu silla, no vayas a rebotar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

- Pues hija, menudo ojo tienes, si antes dices lo de mañana...

- Menudo mañana que fue ayer.

- Vamos que si hubiese muchos días así no harían falta muchos más motivos para...

- ¿Apearse en marcha? ¡¡Yaaaaaaaaa!!

- No te lo tomes así, ya sabes, tómatelo con cuentagotas.

- Sí y me tapo la nariz para tragar, rápido y a digerirlo sin más.

- No hay de otras.

- Bueno, pues lo dicho, quédate con el hoy, lo de mañana...

- Nunca se sabe. Buenas noches y hasta mañana.

- Y aprende.



-que va siendo hora niña-

lunes, 30 de noviembre de 2009

Un calendario en tela roja. Una tela de araña. Un triángulo amarillo. Seis colillas aplastadas.Unos auriculares azules.Un reloj sin pila.Dos velas sin encender.

Las púas de una diadema negra.
Un televisor encendido.
Tres rosas.
Un ángel.
Cuatro cajas de cartón.
Un sujetador negro.
Tres peluches.
Un pato de mimbre.
Un ángel de piedra.
Un frasco de perfume.
Dos sillas.
Dos alfombras.
Dos lámparas.
Una luz.
Un par de zapatillas azules.
Una bolsa de Zara.
Dos mesillas.
Dos armarios.
Una cama.
Dos ojos que recorren una habitación.


El humo de un cigarro dibujando espirales.

-Fumar puede matar-


Marblboro, L&M, Winston o Royal Crown.


Sermón en la pantalla -¡Mentira!- alguien grita.


Entrechocar de copas –alguien celebrará-


Rumor de papel seda –rumores son rumores-



Sermones, papel seda -rumor otro rumor-



Mañana...



... sí o no.


Mañana...


... hoy ya no.


Mañana...


... nunca hoy.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Cuídate.

Hoy he visto el mar. Las olas furiosas, la espuma blanca. Me recordó aquellas que vimos, en silencio, en nuestra última tarde. Creo que había bruma en mis ojos. Me gusta la bruma. Me gusta el mar. Me gustan las olas. Durante un tiempo me vi vestida de algas. Durante un tiempo pedí que me llevasen allí. Quería fundirme con aquel mar. Ya no. Ahora me da igual el sitio a donde me lleven. Ya no me llamas.

No me acuerdo de ti, ya no me dueles. Es triste pero el amor pasa. Sí, el amor pasa.
Cuídame. Cuídate tú. No quiero que pases. No quiero pasar. Tú no.

martes, 6 de octubre de 2009

Cinco de octubre, aniversario de vida, aniversario de llanto que abrió al aire los pulmones que no habían respirado

MCMLXXXI son las cifras de tu año. Año que trajo la vida, madrugada no dormida,
entre sombras despertando; luego, por ser que era vida, vida siguió regalando.

Cinco de octubre, no era el día del otro llanto... mas cada cinco octubre... es un solo aniversario...

Cinco de octubre... ese día... subsiste un poso dormido, agrio sabor regurgita, oscuro pozo olvidado. Asómome al brocal del pozo que no fue llanto... en el fondo de lo negro algo me sigue llamando...

Cinco de octubre... tu día... en el fondo la sonrisa... en el fondo... la he burlado.

VI de octubre... siguen los días pasando... Una mañana de octubre el sueño no me ha llevado, ni la dulce invitación a dejarse ir apagando.

“No me hagas daño”... y después... un despertar no esperado... arcadas, vuelta a la vida... la naúsea de la innombrable....

Desde entonces ese péndulo las horas va regalando... Horas tuyas que son tuyas, horas mías de prestado.

Tic-tac...
Late dentro el corazón... con latidos regalados.

lunes, 5 de octubre de 2009

Cuando los espejos son literalmente espejos, cuando el ovalo azul es una cartulina prendida en la esquina del marco de madera, cuando las palabras dicen lo que escriben, cuando no son una encriptada enredadera, cuando el laberinto es un jardín con setos bajos, cuando lo magnético es la brújula olvidada, cuando el camino se anda calle adentro, cuando dos extraños se tornan conocidos, cuando se apuesta alto sin nada que perderse, cuando se encuentra más de lo perdido, cuando los sueños nos tocan despertando, cuando despiertos soñamos sorprendidos, cuando la realidad supera cualquier sueño, cuando el sueño es un secreto compartido, cuando el deseo se siente sin rozarse, cuando el amor es más fuerte que el deseo, cuando unos labios nos hablan sin sonidos, cuando los cuerpos desnudos se acarician, cuando se cierran por fuera nuestros ojos, cuando creemos sin palabras que convenzan, cuando la espera dejó de ser frontera, cuando un rostro ilumina nuestros ojos, cuando se asoma a la cara esa sonrisa, cuando el espejo es el fondo de otros ojos, cuando lo escrito semeja desvarío... todo el silencio se llena de palabras sin ser preciso descifrar lo no escrito.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Qué por qué escribo?

Estas podían ser unas cartas sin destinatario, pero lo tienen, tienen dos destinatarios, uno yo misma, el otro tú, tú sabes quien eres, yo sé quien eres, con eso nos llega a los dos, nos sabemos “y punto”.

Escribo, no porque no me encuentre a gusto conmigo misma, no porque venga la musa, (¿será el muso?) a susurrarme palabras. Escribo porque necesito escribir y lo necesito porque cuando lo hago floto... por unos breves instantes floto. Podría decirme (y decirte) que me hace sentir bien escribir y ese es el último motivo de mis palabras, podría decirme también que escribo para ella, sí, ella, esa que anda por dentro de mí, esa que tuvo tanto miedo a perderse para siempre, la que me suplicó llorando que no la abandonara a solas con ella misma, que no la dejase perder que la buscase y le diese una mano, que tirase de ella hacia arriba porque ya no podía seguir sintiéndose sin sentir. Lo hice, empecé a escribir para ella, y ella me sonrió y me sonríe, y yo agradezco su sonrisa.

No, no oigo voces, no soy dos, no hay una dicotomía en mi interior, no me siento frustrada por no haber sido otra persona, no me cambiaría por nadie, no busco disfrazarme de otra, soy yo, siempre soy yo, pero tuve que recordarme para no olvidarme y empecé a escribirme... Luego llegaste tú, lo sabes, y tú fuiste la causa de que surgieran mis letras de papelera, mis caricias hechas palabras, mi manera de amarte, lejana, ausente de ti y tan contigo.

¿Poemas? no, son otra cosa, son caricias para ti hechas de letras. Luego... mi voz se calla en tu presencia... enmudezco ante ti por ser tú todo y mi voz se me queda y hablan los ojos, hablan las manos, hablan sin hablar palabras quedas... susurros de voz en cada lagrima que resbala sin ser parte de un poema... te amo van diciéndote calladas más que lo pueda decir con cualquier letra.
Pero una lagrima, amor, no dice nada o dice tanto que escribir no llega. Por eso cuando tú no puedes verme en mis lagrimas, necesito escribirte yo por ellas. Son sonrisas de amor, son esas lagrimas que acarician la cara al verterlas. Tú las viste rodar por mis mejillas, ahora sabes la alegría que hay en ellas.

lunes, 14 de septiembre de 2009

¿Qué te pasa niña, qué te pasa?

No es lógico, no tiene ni pies ni cabeza que estés como estás ahora, ¿lo sabes?

Tenías que estar contenta, radiante, ilusionada, feliz... y... ¿qué te pasa?

¿De qué tienes miedo? ¿A qué tienes terror? ¿Qué te angustia de tal manera que no puedes disfrutar de este momento que tanto esperaste?

Te lo dijeron, ellos te lo dijeron. Te avisaron. No querían que te lastimasen. No querían eso para ti. Te lo dijeron: “tú no mereces eso, sabes que lo único que tendrás después será llorar a solas”. Te avisaron y tú... ni caso. Pero ahora... ¿qué te pasa? ¿no lo sabías? ¿qué esperabas? ¿por qué te sientes tan vacía?

-Nada, no me pasa nada, no espero nada, no busco nada. ¿Miedo? Terror. Ya no dudo, ya sé lo que supe siempre, lo que sabíais también lo supe siempre, pero... cuesta tanto aceptar la verdad, cuesta tanto dejar que nos hable el silencio y escucharlo, cuesta tanto romper el cielo en pedazos, pisar el suelo, tomar lo que nos dan, disfrutar el momento, darse la vuelta y fumarse un cigarrillo sabiendo que sólo hay eso, que sólo es eso, un momento perdido entre horas muertas, nada más. ¿Por qué no me llena? ¿Por qué me veo vagando por las calles con ganas de echar a correr? ¿Por qué voy si ya no siento posible nada? ¿Por qué no habrá nada que preguntar? ¿Por qué sigue escapándoseme el aire? ¿Por qué cuesta tanto darse la vuelta y continuar? ¿Por qué intenté soñar? ¿Para qué?

domingo, 21 de junio de 2009

Monólogos sin voz...

Tú lo has dicho. No es necesario que te escriba un poema.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Noooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!

Bien, tomo nota y no te escribo.

Entonces ocurre algo: Necesito escribir. ¡Menudo dilema!

¿Qué hago?

Alternativa número uno:

¿No lo hago?

Alternativa número dos:

¿Lo hago donde tú, aún diciendo que no es necesario, puedas leerlo?


Alternativa número tres:

¿Hago como otros y me escondo. Vamos que me busco donde escribir y donde quien no lo considere necesario no lo lea?


Me decido por la alternativa número tres. Yo escribo. Tú no tienes que leerlo.
Porque...

¿Sabes?

Eso de que me digas que ya lo leerás...

o

Eso de que...(Sí... lo sé porque por lo vi, no porque lo imagine)... Eso de que lo que te escribo sea eliminado... vamos... ¿cómo decirlo?... ¡¡¡¡layaaaaaaaaaa.!!!! (Uso esa palabra que los que saben de palabras dicen que no existe... pero laya... )

Bien, resumiendo...

Si me da por rimar sin rima.... letras de papelera es su sitio... tú me señalaste su destino.

Si me da por colorear... vuelvo al origen.

Si me da por hablar a solas... este será un buen sitio. Yo escribo, tú no lees, perfecto.

Y... si me da por olvidarme de todo y te escribo... pues... ya sabes donde me encontrarás... allí o... camino de tu papelera.