jueves, 12 de agosto de 2010

Es mi pequeño mundo, mi pequeño rincón, mi pequeña esquina, mi pequeña lengua, mis pequeños sueños, mi pequeña alegría, mi pequeña tristeza… Si te doy mi mundo, mi rincón, mi esquina, mi lengua, mis sueños, mi alegría, mi tristeza... no te preocupes, no soy contagiosa, no contamino, no dejo huella, no dejo marcas en tu gran mundo, en tu oculto rincón, en tu centro perfecto, en tu lengua callada, en tus sueños prohibidos, en tu vivir la vida, en tu sonrisa perpetua… Como llegué me voy, sin dejar huella. Como llegaste te fuiste, sin dejar huellas. La única diferencia entre nuestros dos mundos está en que yo no me siento una extraña en el tuyo y tú te sentirías perdido en el mío. Yo sé vivir en tu mundo, sé disfrutar tu mundo porque me gusta el mío. Claro está que yo a tu mundo voy de visita, sin invitación previa, porque yo soy la que me invito, la que me lleva del brazo, la que me acompaña, la que se habla a sí misma. Yo no te invito tampoco. Sería inútil. Si algún día traspasas tu umbral, si dejas de ser fugitivo de ti mismo, si dejas de ser cobarde, si dejas de ser desconfiado, si permites que algo dentro de ti se asome sin miedos, si te acuerdas de que hay pequeños rincones, si quieres conocerlos, invítate a ti mismo a dejar de ser hermético, invítate a llevarte del brazo y atrévete a eso de lo que presumes tanto… atrévete a vivir. Sí, atrévete a vivir, arriésgate a vivir, permítete vivir… Sólo cuando te sientas vivo dentro de ti, cuando no te niegues a ti mismo, cuando te dejes ser, sabrás lo que es estar vivo. Tranquilo… recuérdalo, no contamino. Un consejo en contra de toda lógica y en contra de toda sabiduría: Si ves que el camino no lleva a ningún lado, tal vez sea porque tú no quieres ir a ningún lado. No porque el camino semeje ser errado es un camino sin salida, sólo se pierde quién no sabe lo que busca al caminar. Sólo tiene miedo y huye quien se siente cobarde para encontrarse, para reconocerse, para aceptarse, para decirse, para sonreírse, para llorarse, para amarse, para darse.



Vuelvo a mi rincón pequeño, imperfecto, solitario, silencioso, húmedo, mío. No me esconderé detrás de otras puertas. No quiero disfrazarme de otros, no quiero fingir la vida de otros, no quiero ser otros. No quiero lastimar, no quiero herir, no quiero dejarme amar, no quiero amar sin amar... nunca más, nunca más, nunca más.

martes, 10 de agosto de 2010

En la habitación número catorce del tercer piso de la residencia de las Hermanas de María Inmaculada, había un espejo, escueto, rectangular, justificado, apropiado. El espejo era mínimo para no provocar las veleidades de la contemplación del propio cuerpo. Era también máximo para poder ser utilizado en su aspecto de útil de aseo, higiene y peinado. Por lo tanto, el espejo en cuestión, no permitía la contemplación del escote, del perfil sinuoso de los cuerpos casi adolescentes, ni de los torneados muslos que se prolongaban más allá de aquellas caderas invisibles y de aquellas nalgas tan invisibles o más para el espejo y para quienes en él se contemplasen.



Más allá del espejo, respaldándolo, rodeándolo, se extendía una pared de asépticos, cuadriculados, fríos, azulejos blancos de quince por quince, protegiendo la pared, blanca, de los excesos del cuerpo del grifo que reinaba sobre un lavabo tipo Roca, blanco, sin redondeces excesivas, austeramente necesario. Más acá del espejo, el calor de los cuerpos, la juventud de los cuerpos, el despertar de los cuerpos, la eclosión de los cuerpos de mujer recién mujer, mujer sintiéndose mujer, se ingeniaban encaramándose en un mínimo taburete y contemplaban lo que no debía ser contemplado, complaciéndose en ello, sintiéndose dueñas de lo que lo el escueto tamaño del espejo quería ocultarles.


Luego descendían del taburete y unos labios rojos entreabiertos se sonreían mientras contemplaban sus ojos en el espejo. No faltaba nada. Todo esperaba del otro lado de la puerta. Todo estaba frente al espejo.


En la habitación número catorce del tercer piso se escuchaba tararear aquellos versos de un poeta llamado Miguel y de otro de nombre Federico:






“Juventud solar de España, que pase el tiempo y se quede con un murmullo de huesos heroicos en su corriente… “






“Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos…”

sábado, 31 de julio de 2010

Lo más curioso es que nunca he soñado contigo.
Ni con ningún otro.

Bueno, eso no es exactamente cierto, hubo un hombre con el que soñé.

Claro que fue en los tiempos de la agonía,

cuando el único modo de seguir conservando un punto de cordura era soñar.



Una de aquellas noches soñé…

Soñé con una Giralda hecha de palillos,

de esos palillos que se usan en los bares,
palillos planos.

La llevaba en la mano un hombre, su padre.
El hombre y yo estábamos en un campo…

Creo que era un día de verano porque no había nubes en el cielo,

y creo que era un campo porque en el sueño veía mecerse la hierba.



El hombre era su padre.

Es curioso, porque nunca vi la cara de su padre,

nunca conocí a su padre.

Su nombre, sí.

Su padre se llamaba Domingo, Domingo Rodríguez Aguirre.

 
Podría haber soñado con su madre.

El rostro de su madre sí lo conocía, y el de su hermana.

Su hermana, que bordaba las servilletas en distintos colores.Un día su hermana me escribió una carta preguntándome mi color preferido…

Quería bordar mi servilleta.
Pude haber soñado con su hermana.

Pude soñar que ella me ofrecía esa servilleta.

Pero no.

Soñé con su padre, al que nunca había conocido.

Soñé con una Giralda de palillos.

Soñé que me ofrecía aquella Giralda.



No hablamos.

Él me miraba.

Extendió su mano.

Me ofreció aquella Giralda de palillos.

Al hacerlo supe que era su padre.

Supe que me hablaba de él el sueño.

Soñé con él sin soñar con él.


Es curioso.


La Giralda no está en Cartagena.

Nunca hablamos de la Giralda.

Nunca estuvimos en Sevilla.

Nunca conocí a su padre...

y en vez de soñar con él,

en vez de soñar con su madre o con su hermana,

soñé con su padre para soñar con él.


Soñé con la Giralda para soñar con la calle Paloma.

Cartagena no es Sevilla.

Él no era su padre.

Su padre me ofrecía una Giralda.Y lo más curioso fue que al despertar recordaba el sueño.


Supe lo que me decía el sueño.

Supe que aquella Giralda era lo que pudo haber sido y no fue.

Lo que en aquellos momentos deseaba que hubiera sido.

El sentimiento tibio que necesitaba en aquella agonía me lo dio un sueño.



Es curioso.


Nunca he soñado contigo.
O tal vez sí.
 Sí.

Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.

Bajabas unas escaleras, llevabas un traje marrón y no vi tu cara.

Durante años asocié el lugar a unos Grandes Almacenes.

Me equivocaba.

Era una boca de metro.

El metro de Plaza de España.


Por la mañana había nevado en Madrid.

El quince de febrero de dos mil diez nevó en Madrid.
No llevabas traje ese día.

Llevabas un anorak marrón sobre tu camisa y tu corbata.
Te dije que estabas muy guapo.

El reposo te había sentado muy bien.



Llovía aquella tarde.

Me esperabas en el Rincón de Reyes.

Estabas sentado en un taburete en la barra.

Tomabas un café, yo pedí otro.

Yo sólo quería mirarte, hablar contigo, estar contigo.

Me invitaste a un pacharán.

Me moría por morder tus labios, por abrazarte.

Ni te toqué, tenía miedo de lastimarte, aún estabas de baja.

 
Cuando nos fuimos seguía lloviendo.

Caminamos juntos bajo mi paraguas.

Llegamos a la parada de metro.

Nos despedimos juntando nuestros labios en el último beso.

Echaste a correr, me miraste y susurraste te quiero.

Bajaste las escaleras del metro.

Como en el sueño.


Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.
Eras tú.

El hombre del traje marrón eras tú.
Hubo otro sueño contigo.

Siempre sin rostro, pero tú.

Tú llevándome en brazos.

Yo abrazada a tu cuello.

Tú amándome como sólo se ama en un sueño.

Yo amándote como te amé y te amaré.


Sin conocerte, eras tú.

El hombre sin rostro, eras tú.
Cuando me llevaste en brazos el sueño fue real.

Cuando no tenías rostro era real.

Cuando no sabía tu nombre era real.

Cuando te esfumaste… es la realidad.


No habrá más sueños… te perdí.


¿Sabes? Te amo

¿Sabes? Tengo ganas de llorar y estoy llorando.

¿Sabes? Mereció la pena llorar. Mereció la pena amar.


C. R. C. (31-07-2009)







jueves, 29 de julio de 2010

En los costales que llegaban de México llegaban sueños. Le encantaba el ritual de ver llegar a su padrino, o así lo recuerda, con el saco y… ver a su madre y a sus tíos ir sacando de aquella cueva de Ali Babá los tesoros que venían de más allá del Atlántico. Había vestidos, zapatos, cortes de tela, algún delantal, y… revistas. Claro que también llegaban costales de Nueva York, menos, pero alguno llegó… No recuerda si fue la viuda de su tío abuelo Nicolás quién lo mandó, pero de alguno de esos costales salió una pañoleta con la que cubría su cabeza como si fuese una manola madrileña… y calzándose aquellos zapatos de tacón, de afilada puntera y de afilado tacón, y algún vestido estampado con grandes flores negras sobre fondo burdeos… se ceñía la cintura y abriendo el armario ropero del dormitorio de sus padres cantaba… ante el espejo… por la calle de Alcalá, sin nardos en la cintura.
También llegaron aquellas revistas que sus ojos devoraron. De ellas recuerda el anuncio de una cerveza mexicana “Coronita”, que hoy, taitantos años después, acaba de pimplarse a morro, sin introducir siquiera por el estrecho y alargado cuello de la botella una rajita de limón… y… aquellas Life en español… de ellas se mantienen tres recuerdos imborrables, el Machu Picchu, el Taj Mahal y… la sirena varada en el borde de aquella piscina. Allí vio por primera vez a Norma Jeane con su pelo acastañado, sus ojos abiertos a la vida, su sonrisa fresca… y la cautivó, su mirada la cautivó. Ella era una niña pero vio en aquella mujer la tristeza del después, la soledad de la sirena y algo dentro de la niña supo que aquella mujer necesitaba un poco de calor.

martes, 6 de julio de 2010

Me hubiera gustado ser poeta al uso, lo mío no es eso. Lo mío, si es que se puede decir que este escribir sin pensarlo demasiado se pueda llamar de algún modo que no sea hablar a solas, o dejarme llevar por lo que bulle en mí (eso es lo mío), no es poesía porque no soy poeta, y no me considero poeta porque ellos y ellas, los poetas y las poetas (poetisa es una palabra que no me gusta), son para mí seres con un don especial, y merecen mi admiración y mi respeto. Pese a no ser poeta, en ocasiones me gusta escribir versos, humildes, sin medida, sin ninguna pretensión de ser analizados y menos de pretender ser llamados poemas. No me preocupa si los grupos de versos forman estrofas y menos todavía pretendo cuando escribo ser leída como poeta, si alguien lee mis versos me conformo con que lean en ellos a la mujer que escribe porque en ese momento que escribe necesita escribir. No soy poeta, ni tengo ningún don especial, porque hacer lo que estoy haciendo ahora mismo es muy sencillo, soy una mujer que escribe lo que siente y lo que piensa. Unas veces, cuando me dejo mecer por la brisa, por la ensoñación, por un sentimiento o por un algo que no sé decir con palabras normales, escribo en verso, porque me gusta esa melodía, ese ritmo del verso, bailar con las palabras, irme con ellas de la mano y… flotar.

Gracias a vosotras, palabras danzarinas,

letras de papelera que me atrevo a decir.

Gracias por hacerme volar sin dejar suelo

sentirme piedra o nube, recordar y vivir.



Gracias por acogerme y abrazarme sin brazos,

por besar vuestras letras mis labios de mujer.

Gracias por cada lágrima vertida al escribiros,

por todas las caricias que estremecen mi piel.



Gracias por contemplarme cuando de pronto me paro,

por esperar pacientes que volvamos a danzar

Gracias por ser mis cómplices, gracias por no ser jueces,

gracias por no acusarme de haceros sonrojar.



Perdón por cada verso que mancha la Poesía,

perdón por cada rima escrita sin rimar.

Perdón por mi osadía escribiendo poemas,

perdón para estas letras escritas sin pensar.



C. R. C. (06-07-10)

viernes, 2 de julio de 2010

No, no me líe, no haga acudir a mi cabeza melodías de lunas y soles hermanados con tu yo y con la tierra.
Eso es lo suyo, el defender sus ideas, el leerles la cartilla a las diestras y siniestras… invocar lo que traicionan, denunciar lo que falsean, poner nombre y apellidos a los que politiquean.
Resultado: Ellos siguen, usted denuncia, asentimos sin vehemencia, nos encogemos de hombros y buscamos la belleza de la imagen de un cerezo del que brotaron… cerezas.
¿Qué puedo decirle ahora? ¿Qué disculpa esta indolencia? ¿Tendría que armar los dientes? ¿Tendría que armar la fiera? ¿Si me pongo codo a codo, rodilla izquierda en la tierra, mano en alto levantada, grito de nadie nos mueva, conseguiré que su pan no se lo coma la gula del que engorda su despensa? ¿Qué puede hacer una gota perdida en una torrentera?
Sí aquél hizo, el otro brama vomitando sus miserias. ¡Tú mentiste! ¡Tú ocultaste! ¡Tú sobornas! ¡Tú blanqueas! ¡Tú te llevaste los cuartos! ¡Tú financiaste su empresa! ¡Tú colocaste a tu amante! ¡Tú, tu patrimonio enseña! … ¡Tú MALAYA!... ¡Tú FILESA!... ¡Tú fusilaste a mi abuelo!... ¡Tú me mataste a mi abuela!... ¡Tú defiendes al de hierro!... ¡Tú le acallaste la voz a la barraca viajera!... ¡Tú decías que va bien!... ¡Tú nos hundiste en la mierda!...
Mientras tanto… cantan GOOOOL!!!! … tiempo muerto en la pelea.
Por ganas, nos cogería a todos de las orejas, nos encerraría juntos hasta que alguno dijera, menos echarnos las culpas, sólo se admiten discursos que den pan a quién no tenga.
Y… no me diga Monsieur, que Letizia y sus manolos, no inspiran como unas cerezas…
Cara al sol, hombro con hombro, cinco rosas por bandera, camaradas porque sí, cruzadas por las callejas, extranjeros en la noche, canteros de canto y piedra, libertad para ser libre de mandarnos a la mierda… Dame la mano hermano, atrancaremos las calles y pasarán los que comen un mendrugo sabor conciencia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Tengo que decir que he celebrado el solsticio de verano como sólo puede hacerlo una meiga, riendo, brindando y sintiéndome feliz. Aún son las diez y diez de la noche del 23 de junio de 2010, me acaban de decir que en Santiago los termómetros llegaron hoy a los 38 º C, aquí no tengo ni la más remota idea de lo que han marcado, pero al llegar a casa me he tenido que poner un vestido de tirantes y recoger el pelo con una pinza… sobre mis ojos los mechones rebeldes, como las ramas aquellas que me decían que eran como yo me siento, rebelde y yo, siempre yo… claro que este yo hoy está algo alboratado por el calor, por el día de las meigas, por el olor a humo y porque me acabo de pimplar un benjamín de cava… No se puede ser buena chica y no beber, no comer de más, no agotar la vida de un trago, no ser exagerada nada más que a solas, no practicar el arte de la seducción y quedar inmune a los efectos de un mísero benjamín que suelta la lengua y los dedos. ¿Borracha? Que va, alegre y el benjamín fue para celebrar un aniversario VEINTIUN AÑOS de liberación. SOY FELIZ , gracias por llamarme princesa, gracias por el beso en la calle, gracias por los guiños, gracias por saber que mis rarezas no son contagiosas, y a quién pasó de largo en silencio, sin decir adiós, sin despedirse, tengo que decirle:

Cari, tú te lo pierdes. Hoy celebro que soy mujer porque así lo decidí, y para ello simplemente me dediqué a ser PERSONA, no hay diferencias entre los sexos, se es o no se es, y punto.
Y todo lo demás son accidentes, versados o no. La lirica no está en los poemas, está en los sentimientos.



Hace VEINTIUN AÑOS me hicieron un favor. El uno de mayo me lo hice yo.



Resumiendo, aprendí que no era cierto aquello de que yo no sabía amar. Soy capaz de amar y me he doctorado con sobresaliente, me quito el sombrero por una vez, será el champán, ante mí y ante todos los que han arriesgado y amado a pecho descubierto, aunque les hayan partido el corazón, son afortunados porque nunca les quedará el amargo sabor de la cobardía.

Lección primera, si quieres aprender a AMAR, ama, aún sabiendo que no será. No acalles nunca a tu corazón.

La lección segunda, es más sencilla, nunca hagas daño a un ruiseñor.



El horizonte rojizo me regala la noche más hermosa, una noche mía y de todos los que miren al cielo. Aquí, en mi esquina, el azul se pinta de coral, bendita noche, benditos vapores de champán
.

sábado, 24 de abril de 2010

Su primo presumía ante ella todos los años. No era costumbre en su colegio celebrarlo, ni le habían regalado libros. Los primeros libros que llegaron una mañana de Reyes fueron “su tesoro”, dos tesoros, una selección de cuentos encuadernada en tela tono teja anaranjada, tamaño folio para las páginas dibujadas de patitos feos, casitas de chocolate, sastrecillos valientes, sombrereros en dos dimensiones, y el primer libro de películas de Walt Disney… Inenarrables las sensaciones que vivió recorriendo aquellas viñetas con ojos de sala de cine… Incontables las veces que sus dedos acariciaron aquellas páginas… tantas que la tela blanca, amarillenta ya, de la cantonera se fue abriendo dejando al descubierto las puntadas y la cola reseca que la unían a las hojas… se separaron del todo y quedaron desmembradas las tapas. Años más tarde fueron rescatadas por una mano que en aquel entonces parecía la mano que tomaría su mano como en las páginas del libro, como en los cuentos… el libro se recompuso, sus pastas volvieron a estar unidas protegiendo los sueños de colores dibujados… Las manos se alejaron y otras manos, menudas, alegres, inquietas, soñadoras, fueron acariciando de nuevo aquellas hojas. No fueron “el tesoro” de nadie más… ese tipo de tesoros ha de ser elegido o elegirnos él a nosotros.
Luego llegaron “Mujercitas” “Heidi” “La Jerusalén liberada” “La cabaña del tío Tom”… Fueron rescatados del altillo del armario, del “desván” como le llamaban, “Grandal”, “Los Invasores”, “La Pimpinela escarlata”… “Corazón”… En casa de su primo se aficionó a “Los siete”… Luego recuerda haber comprado “Rimas y leyendas”, “Frankestein”, “Veinte años después”, “La madre”… Iba picoteando de aquí y de allá… como un gorrión hambriento, meciéndose en sus claveles del aire, en sus balcones abiertos, viajando en ellos sin necesitar billete de ida y vuelta… para volar, para irse al último rincón del Universo…. sin rozar el suelo… y de pronto, en algún lugar… tal vez contemplando el lamento de una rosa no domesticada, o el abrigo azul de un pequeño piloto de avión, o buscando sus propias alas… el gorrión se durmió.

sábado, 27 de marzo de 2010

Queridos:

Escribe una mujer que es ignorante -por no haber visitado los lugares, por haber olvidado lo estudiado o por no haber sabido cultivarse- Me quedo pensativa imaginando el cielo de París en primavera, Bergerac sin Cyrano galanteando -¿eterno enamorado de Roxanne?- y el amor del ruiseñor ensangrentado -por dar rojo al blanco cuerpo de una rosa- Unas frases me llegan, un instante, que comparten dos seres intangibles, sin tocarse, sin verse, sin nombrarse, sin saber de quién es el resonante, gong- martillo- palabra, que despierta el punzante sentir de aquel paseo por la calle que ambos pronunciaron, el color de ese sol que contemplaron, aún sin ver, aún sin sentir, y ambos tuvieron humedad, sin querer, en las miradas.

Un prefacio de palabras que surgieron por despecho - vulgar hablar: rebote- un desconfiar de que todo es una máscara, un recuerdo… un volver a sentir que se ha vivido sin haberlo vivido, -saber que es cierto- En aquella habitación frente a la llama, alguien antes de mí habrá llorado, alguien antes de mí habrá sentido -como yo sentí- que allí sintieron.

Tú me hablas de París. Tú de poemas. De pinturas -me habló- aquel que admira dinastías orientales de poetas. Aquel otro me dice que escribía y que borre unos cigarros del escrito por sonar a conocidos los que hablan -y a pesar de no entender su reticencia, se borraron lo puritos del escrito-

No soy nada. Tal vez Adán no es nada, tal vez Eva sea tan sólo ave. Ave sueña volar -sin tener alas- Nada es -como nadie burlando al Ciclope- Nada hiere, ave herida, ambos sienten. Nada nuevo, nada hay por inventarse.

Un retrato de lo que no es visible. Un camino de la mano de una sombra. Un olvido o un nunca haber sabido. Un silencio eterno en el aire. Ignorancia sin filósofos que saben. Entender no saber -y no sabiendo- reconocerse en lo que los otros hablan: desde el fuego al presente no ha cambiado lo que a solas frente a frente nos decimos. No es pasado, no es presente, no es futuro. Es el ser que es ser por ser pensante.

jueves, 28 de enero de 2010

Juntas, las dos, desde aquel día en que te vi llegar desde mi ventana. No me acuerdo de si te traía Lola o Asunción. Estaba sentada en una trona de madera pintada de un color azul grisáceo. Puede que esa fuera la última vez que me sentaron en ella. Estaba pasando el sarampión. Había escogido una fecha inoportuna para la enfermedad. En casa estaban de reformas. La cocina estaba intransitable. Estaban azulejándola hasta el techo, los azulejos viejos sólo llegaban hasta la mitad de la altura de la pared. Una gambota iba ocupando el espacio del viejo calderín. Ya no había tubos que fueran hasta la vieja cocina bilbaína. Un tablero de formica blanca cubriría desde entonces la plancha de hierro con sus aros. El frente fue pintado de blanco. El horno sería usado de alacena para los aceites usados y el cajoncito que tanto me gustaba abrir quedó para mis juegos.
Lola o Asunción venían todas las tardes después de comer. Yo miraba para la calle y la vi llegar. Se paró en la acera, aún no había semáforos pero si pasaban coches por la carretera. En sus manos venías tú. No sé si fue porque estaba mimosa o porque era a mí para quien te traían, pero me hice tu dueña, me adueñé de su regalo y seguimos juntas las dos.
Pasados los años fuiste dividida en dos. Una parte se quedó en la casa de la cocina con gambota aún. La otra parte me la llevé conmigo al lugar donde trabajaba y después a mi nueva casa. La parte que se quedó lejos de mí murió. La mía volvió conmigo a la vieja casa y continúas aquí, detrás de la ventana por donde te vi llegar.
Las dos, tú y yo, ya no florecemos, se nos van notando los troncos leñosos, la savia que nos alimenta ya no nos da ese verdor de juventud que compartimos. Tú y yo fuimos viendo pasar los años. No sé tú, pero yo cuando te miro vuelvo a verte llegar en las manos de Lola o Asunción. No sé tú, pero yo siento que las dos nos hemos ido viendo vivir, en silencio, mirándonos, compartiéndonos. Te miro y ahora sé que eras para mí. Eres parte de mí, no me dejes nunca. No me faltes nunca. Es nuestro destino. Yo contigo y tú conmigo, juntas por siempre. Tú, pata de cangrejo, y yo. ¿Quién soy yo?.

jueves, 21 de enero de 2010

Porque lo leas o no leas, porque lo escriba o no lo escriba, porque calladas o no calladas, son las palabras las que han podido llegar a ti desde mi esquina. Porque en silencio sigo pensando, pensando pienso lo que dirías, cuando te hablo, cuando me callo, cuando me siento falta de ganas, cuando sin ganas voy por la vida. No es un poema, no es una carta, es lo que siento cuando me pongo a hablarte a solas de tantas cosas que no diría, de tantas cosas que te he contado sin que haya nadie que pueda oírlas, sin que a nadie pueda decirlas. Es lo que hace que cuando escribo se me desboque la lengua atada, la que callada nada diría. Cuando me callo es que no puedo decir ni a ti lo que me duele, lo que me ata, lo que me amarga, lo que me hace sentir tan mala, tan mal nacida. Nada de nada, nada ni nadie es el culpable de que mi boca, de que mis manos estén calladas, es el silencio de los cobardes, es la careta de cara muerta que se ha posado sobre mi cara, o es la careta de cara viva la que se cae cuando me asoma desde los ojos todo el abismo, toda la nada, toda la angustia de seguir viva.

Punto y aparte... no dije nada, soy una estúpida que no se entera de que está viva.

lunes, 18 de enero de 2010

En algún lugar de cualquier recodo del reloj del tiempo donde se hace noche como cae la noche sin el sol de invierno. Fue en ese momento, ese instante justo, ése en que se apagan todas las hogueras de todos los fuegos. Todos se apagaron, todos, uno a uno, fueronse muriendo, dejando cenizas, dejando tizones que tiznan de negro.

A veces el fuego se apaga y no queda ni una sola chispa, ni un solo rescoldo para que renazca otro fuego de nuevo. El fuego se apaga ardiendo en el fuego. El frío es el fuego que quema sin llamas aquellos lugares, aquellas entrañas que eran puro fuego... Se congela el tiempo... se congela el fuego... se congela... ha muerto todo sentimiento.

R. I. P.

.... por la luna nueva, por la luna llena, por el sol que brilla, por todas las nieblas, por todas las nubes, todas las miradas, todos los decires, todos los momentos... por todas las olas, por aquellas dunas, por el irisado fulgor de los cuerpos... por las perlas lagrima, por las voces canto, por el infinito, por los agujeros de nombre tan negro....

Silencio... en el aire se escucha un lamento... plañidos que vuelan como mariposas huyendo del hielo... acordes que cruzan desde el lago azul hasta el lago negro.